El miércoles me reuní con un par de amigas muy queridas, ya conocidas por estos lares: la Beba y la Sheles.
Ya saben, tres viejas sentadas tomando café (en realidad, yo tomé limonada) platicando de lo que han hecho durante el tiempo que no se han visto (ingao, no sé cómo a esas dos comadres no se les acaba la plática, si se ven a menudo). La Beba, orgullosa, contando sobre William y Harry, y todas sus hazañas. La Sheles con sus aventuras y anécdotas de la Tolonchas. Resultó que un amigo mío de la secundaria (a quien le perdí la pista) es amigo de ella y está en Juaritos, así que llegando, lo buscaré.
Nos reímos al constatar -again- que yo encajo perfectamente en el perfil de alguienasí, pero como a mí me vale madres y a ellas también y ya nos queremos, pus seguimos siendo tan compas. Arreglamos el mundo por enésima vez, seguimos sin responder esas interrogantes que nos provocan dudas existenciales respecto a ciertas personas y nos confesamos comentarios venenosos que alguna vez quisimos hacer, pero que la conciencia no dejó
La Beba propuso unas truculencias que ya fueron aceptadas, así que ¡wow! Seguimos navegando. ¡Ja!
Y pa variar, la pendejez y la risa no nos dejaron recordar tomarnos fotos juntas.
En la noche oooootra vez no podía dormir; me la pasé dando vueltas en la cama. Me falta ese olor a Oscar para dormir a gusto. 5 de la mañana fue la última vez que vi la hora.
Ayer hablé con la Twinky, con mi amigo el Jarro y con mi amigo Pepo.
Aaahh, qué recuerdos.
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Lo cierto es que siempre encontraremos la manera de ponernos al dia, aunque solo nos veamos un ratito de vez en vez.
Un abrazo, Flaka, y un gustazo verte.