Anoche, Oscar y yo fuimos a ver Harry Potter y la Orden del Fénix.
No entraré en detalles para no echarles a perder la ida a quienes no la han visto, pero déjenme les digo que me gustó bastante. Mi favorita sigue siendo El prisionero de Azkaban, sin embargo, esta cuenta con efectos especiales muy padres y el ritmo es bastante bueno.
El detalle curioso: Si Beba, la Shelles, Güendi y la Rana ya fueron a verla, seguramente se fijaron en la música incidental cuando Harry llega al edificio del Ministerio, donde será su audiencia. Sí, para aquellos empapados del musical Les Misérables les sonó a One day more, o bien, a At the end of the day, sólo en los primeros acordes. Es un arpegio éntico, éntico.
Ahora sólo me falta ver Transformers y Ratatouille, pero considerando que el fin de semana no estaremos aquí, dudo mucho que pueda ponerme al corriente en estrenos, y menos aún porque ya está encima el de Los Simpson.
Mi carro necesita llantas. Están muy caras. Son R14 de 175/65. Me duele el codo pagar 2 mil pesos o más por ellas, pero creo que no habrá de otra porque ese fue el mejor precio que hasta ahora pude conseguir.
Si alguien sabe dónde encuentro unas más baratas (nuevas), díganme, porque ya tenemos encima también otros gastos, como que Naila necesita un nuevo costal de croquetas, su baño y su corte y la afinación y cambio de aceite de mi carro o carrito o carrillo, como despectivamente llaman en Juárez a todo vehículo de menos de 6 cilindros, aunque sea más nuevo que el del que así ose a llamarlo. Me ha tocado que un tipo X, con una aerostar del año del caldo me diga: “Oiga, la vi el otro día, iba en su carrillo…”. O una ex alumna: “Yo quiero que me compren aunque sea un carrito así, chiquillo, como el suyo…”.
Teeeeeenkiu. Casi le decía que mi “carrito” vale más que la troca y el carro de su mamá juntos, pero para qué me iba a poner a hacer entender a una mezcla extraña entre el burro de Shrek y la guacamaya que sale en Los Piratas del Caribe…
Por cierto, el viernes fuimos a ver Shrek y no vale la pena. Está entrenida, a secas y creo que no supieron sacarle jugo a muchos recursos que tenían, además de haberla regado en meter en el trailer las únicas escenas realmente hilarantes de la película.
Veamos qué nos traen Los 4 fantásticos, Ratatouille y Los Transformers.
La selección mexicana goleó a su similar de Paraguay por marcador de 6 – 0. Jugaron mejor, no lo voy a negar, pero hay algo que no termina de cuajar. Me gustaron las declaraciones de Oswaldo Sánchez al finalizar el partido: bien centrado, maduro y no se anda con jaladas.
La selección mexicana sub 20 también ganó. Esos chavitos sí juegan bien, no son sólo buenas individualidades, su director técnico maneja un buen esquema táctico que ha logrado que sus jugadores comprendan y lleven a la práctica a la hora del partido.
Fui hoy a la conferencia de prensa organizada por el Ichicult y El Cinito para presentar la película “El Violín”.
Por la tarde, estuvimos presentes sólo cinco medios, de los muchos que hay en la ciudad. Y me parece injusto. Si se hubiese tratado de una rueda de prensa de… tal vez un cineasta extranjero, probablemente hubiera estado atiborrado, pero no… ni siquiera Mayra Petacas anduvo ahí.
Por la tarde-noche hubo función privada de la película. Oscar y yo ya la habíamos visto, pero yo quería verla de nuevo, así que invité al autonombrado Canibalito (el hermanito más pequeño de Oscar).
Además de gustarle mucho la película, Omar (mi cuñadito) salió bastante ilustrado sobre algunos términos que manejan los cineastas, escuchó opiniones sobre la (mala) política cultural del país y otros temas que sé que para le escuela no le servirán de mucho, pero que igual puede usar para algún trabajo especial, o hasta para presumir con alguna chavita.
Ya es muy tarde y tengo mucho sueño como para escribir más, pero aquí les dejo unas fotos. Pueden ver que estábamos tan cerca que casi nos sacaban los mocos, digo, casi nos picaban los ojos.
Pa que quienes ya la vieron (y les gustó) se mueran de envidia, me invitaron a una función especial de El Violín. Terminando habrá una conferencia de prensa y cocktail para convivir con el director de la cinta y algunos de sus protagonistas.
Tal vez les muestre algunas fotos
Ya sé que es muy naco ir al cine en miércoles, pero ni pex, cuando uno es tragón, hay que ahorrar en los boletos para poder hartarse durante la película o ir a cenar al salir de la función.
Oscar y yo fuimos a ver la película mexicana El Violín. Perdón por anteponer lo de “película mexicana”, pero es que resulta un orgullo que se esté produciendo cine de esa calidad. Es difícil para los cineastas, supongo, tener que andar tocando puertas y pedir apoyos en todos lados, aferrarse a ello cuando se sabe que el proyecto rendirá frutos. Había escuchado en radio y televisión que se trata de una muy buena película. Qué triste que primero tengan que pasearse por todo el mundo, ganando premios en festivales para que los dueños de las salas nacionales quieran exhibir ese material. Y lo peor, para que la gente aficionada al cine “caro” (costosas y fastuosas producciones) sienta al menos curiosidad de ver películas mexicanas.
Vayan a verla, no porque sea mexicana, sino porque es buena. También hay churros mexicanos muy bien comercializados que han resultado mediana o bastante exitosos y que finalmente no tienen contenido ni la menor calidad en aspectos técnicos como fotografía, guión, músicalización, iluminación, maquillaje, sonido, etc.
El Violín, película de Francisco Vargas conquistó, incluso, 3 Arieles, sumados a los más de 30 premios que ha ganado internacionalmente. “En El violín está el futuro del cine mexicano”, sentencia Guillermo del Toro -y no en Hollywood, añadiríamos.
Yo no había querido leer la sinopsis antes de verla. No quería saber de qué se trataba, quería descubrir todo poco a poco, que las imágenes y los pocos (y muy bien escritos) diálogos me dijeran todo. Sin embargo, para muchos podría ser de gran utilidad checarla en este link, y o darse una idea en el de La Jornada que ya puse arriba, para que no vayan a estar como el menso del asiento de atrás, que de inmediato sentenció “¡Zapatistas!”.
¡Ash!, qué poca… información. Bien pudieron ser del EPR, de las FARP, de cualquier otro grupo y de cualquier otra época.
En los créditos finales se menciona la asesoría de Carlos Montemayor, y seguramente muchos desconocerán que él escribió novelas políticas que narran guerrillas en las sierras de México, unas de la época de Lucio Blanco y Genaro Vázquez, otras más actuales, así como diversos ensayos sobre la guerrilla en México.
El Violín es una película que bien vale la pena ver. Y tiene sus momentos de frescura que alivian la tensión de saber (o no saber) qué le pasará a don Plutarco (don Ángel Tavira).