Este día fue difícil.
Muchas notas, mucho trabajo, poca diversión. Usualmente, las tardes son de mucha risa, tengo varios compañeros que son tan ocurrentes que hasta me duelen los cachetes de tanto reír, pero hoy…
Hoy fue incómodo. Cuatro de mis seis lectores me conocen personalmente y tal vez entiendan lo que me pasa, tal vez no; los que no me conocen… no sé.
Sonaría muy mamukas si les dijera las que paso en el trabajo con algunos compañeros del factor “Y”.
Hoy no sabía dónde meterme; quería ponerme unos tapaojos como los que usan los caballos; yo, que usualmente camino erguida, con la vista en alto (costumbre tomada de las clases de baile), hoy me sentía pequeñita, pequeñita, caminando con la vista abajo y la espalda encorvada.
Hay miradas que, más que incomodar o intimidar, laceran.
Pinches hombres.