Leyendo a Maléfico en su post de hace varios días, recordé una ocasión en la que, al igual que Lady, tuve una junta de trabajo en fin de semana. No fue precisamente en una playa como Cancún, pero sí era costa. El rollo es que fue en Seattle y sus aguas no son precisamente cálidas ni siquiera en el mes de julio.
Escribo esto porque planteaba él que no creía en una junta de trabajo en una playa y menos de jueves a martes. Esa reunión de trabajo en Seattle fue de viernes a lunes.
Claro que también me reventé y practiqué mi inglés con algunas frases como:
“My ass is MINE!!!!”
“Hands off, please”.
Y la típica “Where are you from?”, entre otras.
Pinches gringos calenturientos, tuve que empujar un par de negros, un rubio y un árabe que me andaban arrimando el camarón cuando se acercaron a bailar conmigo, y los negros luego, luego quisieron agarrarme el trasero. “¡Haaaaaaazte!”, les grité. Claro que no entendieron. Chale, y eso que aún no estaba de moda el reggaetón.
El único que se portó decente fue un soldadito hawaiino, güerito, altotote, de ojos medio rasgados… Taba bonito, hasta eso. Bailamos un rato, platicamos otro, me acompañó por una botella de agua (sí, los gringos sí piensan en los que no pisteamos y venden agua embotellada en los antros) y regresamos a bailar. Luego llegaron mis compañeras a decirme que debíamos irnos ¡¡YA!! porque al día siguiente teníamos junta muy temprano. Ni chance de intercambiar e-mails, es más, ni siquiera me acuerdo cómo se llama, sólo que era de Hawaii y que alguna vez estuvo en El Paso, porque lo mandaron a Fort Bliss.
Y después de todo el circo de salirnos apuradas, tuvimos problemas para llegar al carro porque la conquista de mi compañera Vero se aferró a acompañarnos al hotel. Ah, pero Kelly (nuestra anfitriona) supo sacarle la vuelta (según ella) y emprendimos la huída. Pero ¡oh, sorpresa! Cuando estábamos a punto de ponernos pijamas, tocaron a la puerta… Sí, era el árabe (que parecía más mexa que nosotras), la conquista de Vero, quien burló la estrategia de Kelly y nos siguió hasta donde nos hospedábamos y estaba de ahuevado a que le diera aunque fuera un besito. Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajaja. Estuvo de risa, porque luego salió con que yo le había gustado a su amigo y que él también quería subir. Al mentado amigo yo sólo lo vi cuando salimos del antro… Total, como yo suelo ser muy linda cuando me lo propongo, a petición de mi compañera, corrí al despechado galán y al fin pudimos descansar.
La noche anterior habíamos salido a conocer los bares cercanos al hotel, y cuando entramos a uno que nos pareció muy chic, resultó que estaban ahí nuestro jefe y su esposa y no quisieron soltarnos, así que nos tuvimos que aguantar. Su compañía es agradable, pero andaba pedo y se puso muy necio a que quería que pisteáramos con él y ¡¡¡yo no tomo alcohol!!! Lo bueno es que tenía el pretexto de que andaba ‘en mis días’ y estaba tomando pastillas para los cólicos. Era cierto, pero lo tuve que mencionar porque hay gente que le parece inconcebible el hecho de que haya personas que no pisteamos.
La otra noche nos invitaron a cenar -a Vero y a mí- uno de los contadores de la oficina de Seattle y uno de los traders de Vancouver y la plática se alargó hasta muy tarde. Como fue en un café de esos que están en la acera, vimos pasar a otro de los traders de Vancouver (mexicano, por cierto, y muy antipático), nuestros acompañantes lo invitaron a sentarse con nosotros.
Hubo un día que nosotras no teníamos que estar en la junta y contratamos un tour por toda la ciudad. Tan completo era el tour que nos tardamos bastante y por poco no alcanzamos a llegar al muelle para el paseo en yate que la empresa había programado. Neto, sin exagerar, tuvimos que brincar para subir al barcote, por poco y se me cae la cámara.
Y bueno, creo que esto me ha hecho recordar momentos muy divertidos, lástima que las fotos están en casa de mi mamá.
Ahí luego subo algunas.
jajajja….que divertida te pusiste esa vez….espero la fotos de los antros y del barco y de ti….ok…saludos
Sí, súbelas por favor! órale con la metiche ja ja ja!
Lo que pasa es que esa ciudad se me hace muy bonita!
Creo, que le diste toda la razón a Maléfico