Posted on 15-02-2006
Filed Under (Uncategorized) by Cristina

Profeta

En la antigüedad clásica, los profetas eran los intérpretes de las pitonisas: sabían descifrar el sentido de sus gritos y gemidos, que expresaban en versos que contenían las profecías, expresadas en un lenguaje enigmático y ambiguo.
Para los musulmanes, la palabra *profeta* es el epíteto que acompaña siempre el nombre de Mahoma.
Para ellos, al igual que para los judíos y cristianos, es el portador de un mensaje de Dios a los hombres y, como tal, tiene cosas a revelar que pueden pertenecer al futuro.
Los profetas fueron desapareciendo del cristianismo hacia el siglo II de nuestra era, cuando empezó a tomar cuerpo la estructura jerárquica de la Iglesia, cerrando el camino a las expresiones individuales.
La palabra proviene del latín *propheta*, tomada del griego *prophetés*, que a su vez se derivó de *prophanai* (el que habla antes, que pronostica), formada con el prefijo *pro-* (que está antes en el tiempo o en el espacio) y *phanai* (hablar, decir), proveniente del indoeuropeo *bha-* (hablar).

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