Leía este post de la Latita Moderna y quise postear el comentario que le dejé, pero ampliado, tal como se lo prometí.
Pese a no haber leído la novela de Mary Shelley, con el solo hecho de ver el churro Van Helsing captaste muy bien la esencia del personaje (Frankenstein). De todos modos, es recomendable que la leas porque está hermosa y la vas a disfrutar mucho.
Sí, somos nosotros, toda la sociedad, los responsables de crear estos “monstruos”: seres a quienes tememos sólo por ser diferentes y no tener todas las facilidades que nosotos tenemos.
Mis abuelos siempre trataron de erradicar eso de la familia. Desde que mi madre era muy jovencita, tenían una tienda y varios vehículos de transporte en un pueblito con aserradero enclavado en las partes altas de la Sierra Tarahumara. En el lugar no había otra tienda más que la de mis abuelos y como estaba a bastantes kilómetros de la estación del tren Ch-P (pronúnciese Ché Pé, y no Chépe, como lo anuncia TV Azteca), tenían bastante trabajo y muchos de quienes transportaban eran tarahumares (o rarámuris) y tepehuanes. Platica mi abuelita que mi abuelo invitaba muy seguido a cualquier “indito” a comer y lo sentaba a la mesa, con la familia. ESO es Kórima (en tarahumara “kórima” significa compartir, no dar limosna).
La ex novia de uno de mis tíos vio a una teweke (niña tarahumara) pidiendo dinero en un crucero y la recogió, la llevó a su casa y a cambio de que le ayudara con labores domésticas, la inscribió en la escuela y la hizo terminar la primaria, además de enseñarle los hábitos de limpieza que ella no aprendió con su madre. Desconozco que pasó después porque mi tío terminó con esa novia (me quedé en que entró a secundaria), pero es muy poca la gente que tiene esta actitud tanto con indígenas como con discapacitados o indigentes.
A mí me causa admiración ver a un tarahumara tocando el violín o vendiendo hierbas curativas para ganar unos cuantos pesos en lugar de sucumbir a lo sencillo, que es pedir limosna, como me ha tocado ver a otra gente.
A Oscar (mi esposo, para quien no lo sepa) le molesta muchover en los cruceros o en los puentes (internacionales) hombres y mujeres fuertes, sanos, en edad productiva y lúcidos que andan limpiando vidrios, como si no pudieran hacer otra cosa. Es cierto que los gobiernos neo liberales no han sabido sentar las bases para que se generen los empleos suficientes, pero siempre será mejor que trabajen al menos de operadores en una maquiladora (que aquí son muchas) y tengan un ingreso fijo con servicio médico y otras prestaciones, como guarderías, en lugar de traer a los niños ahí con ellos, asoleándolos y haciéndolos tomar los mismos vicios.
Agh… de acuerdo contigo y Oscar.
Mira, me caga eso. La histyoria que cuentas, es re linda. A mi mama le sucedio algo asi… encontro gente buena que la ayudo a salir adelante y aqui estoy yo…. alguien completamente diferente y con mas posibilidades. ¡Increible! Aun hay gente buena… somos tu y yo (ahhh y Oscar y Latita) jajajajaj
¿Sabes? estoy de acuerdo… y no. Lo último que escribiste… Creo que sí, comenzó como un “trabajo alterno”, pero, ¿sabes? ya es todo un negocio. Una empresa. Acá donde yo vivo, al centro del país, los tipos limpia parabrisas ya tienen horarios y hasta “líder sindical”, por llamarlo de algún modo. Ya es una mafia, pues. ¿Qué tal los franeleros? Es totalmente molesto tener que pagar por estacionarte en la vía pública… ¡pero cómo! si es la calle, y si no les das, chingan tu auto. No, que es un círculo. Tristemente lo es.
El país necesita un cambio de raíz, es decir, desde muy dentro, desde los hogares: de educación en todos los sentidos, de tolerancia, de respeto.
Chale, no me quiero poner más profunda, pero es muy interesante tu comentario. ![]()
Abrazote
Yo tampoco quería profundizar demasiado, porque son cosas más complejas. Y bueno, igual es una hueva ponerse a buscar en mis posts viejos uno en el que contaba cómo me iba impartiendo la asignatura “Cultura de la Legalidad” para tercero (y luego primero) de secundaria. Los chavos todavía están tiernitos, puedes influir en ellos y cambiar su mentalidad, pero en la casa ven la antítesis de lo que les estaba enseñnado y, ¡no se vale! Pinches padres de familia cochinos (o sea, de sucios), corruptos, malos para manejar, ignorantes del reglamento de tránsito y tantos más. Los pobres mocosos, por más que yo les explicara qué es lo correcto, veían otro ejemplo en el hogar.
Está muy canijo que se pueda cambiar así.
Por mera cultura general todos deberian leer Frankenstein al menos una vez (digo, ya que se volvió un ícono)… La mayoría ni saben que Victor Frankenstein es el doctor y no el monstruo! jejeje… En fin…
saludos cris!