Como si lo del robo no fuera suficiente, el sábado por la noche tuvimos un evento de Status, que duró de 10:30 a 12:30 de la noche.
Por cuestiones del servicio contratado, mi Caníbal no iba a trabajar con el grupo, pero quedó que estaría a las 12:30 en punto para recogerme (yeah, baby!).
Terminó el evento y eran las 12:36 cuando le mandé la primera alerta al nextel que trae prestado en lo que consigue su remplazo, pero no me contestó. Acto seguido, llega el representante del grupo a avisarme que tendría que salir por la recepción del hotel donde está el salón en que cantamos, pues cerraron la entrada, ya que llegó un comando armado a pedir cuota, y para no arriesgar a los asistentes, nos mandarían por otro lado.
La sangre se me fue a los pies y el alma se me fue del cuerpo al seguir intentando que Oscar me contestara sin tener respuesta. Tras casi 10 minutos de no lograr contactarlo, le llamé a Fofo, el amigo con que mi esposo andaba mientras yo salía de cantar, y él me dijo que tenía poco más de 15 minutos de haber salido, diciendo que iba por mí. Mil cosas pasaron por mi mente y me asusté más.
Seguí intentando sin éxito, por lo que pedí a Fofo que tratara de localizarlo él; como ninguno de los dos lo conseguía, me comuniqué con mi cuñadito, pero me contestó mi suegro, quien también trató inútilmente de comunicarse. Luego me llamó Fofo para decirme que iba saliendo del antro donde estaban para ver si se lo encontraba en el camino.
Estaba a punto de salir a ver si lo encontraba en el estacionamiento y por alguna razón no oía el radio, cuando mi otro cuñado localizó por Messenger a Óscar, que estaba conectado al internet del hotel y de inmediato se comunicó conmigo para tranquilizarme.
Cuando ya salí y subí a la troca, lo abracé y me solté llorando. Fueron como 20 minutos de angustia indescriptible, que desearía que no pasara nadie.
Tenía las alertas que tanto Fofo, como mi suegro y yo mandamos, pero el maldito nextel no sonó…
Un abrazo, Flaka. Son cosas que uno no desearía que le pasaran a nadie, pero pasan desgraciadamente, y nos toca ser testigos de ellas. No nos queda más que seguirle y no dejar que el miedo nos paralice y nos robe nuestra libertad.