Una de las cosas que más me divierte de ir los viernes al Anteros, es ver las fotos de los desnudos que Madonna hizo -me parece- en los noventas.
Dichas fotos están pegadas en el techo, sobre la mesa que casi siempre ocupamos y, por lo general, cada semana va alguien nuevo al grupo, así que solemos discernir sobre cuál es la delgada línea que separa la pornogr@fía del arte, y es sorprendente la cantidad de argumentos y conclusiones que cada viernes escuchamos y arreglamos.
¿Cuál es su opinión?
Dios bendiga los clamatos del Anteros.
Saben bien, los hacen con limón natural, no concentrado, y no importa cuántas cervezas le ponga, no dan cruda.
Si vienen por Juaritos, vayan; es arriba de la barbacoa ‘El Güero’, sobre Lago de Pátzcuaro, casi esquina con Paseo Triunfo.
Si van a pedir botana, las guiosas, el club sandwich, las aceitunas y los nachos son la onda.
He dejado de ser indocumentada.
Esta semana nos llegó la visa y hoy (bueno, ayer) sábado fuimos a El Paso a las compras que eran nuestra costumbre, sobre todo de la despensa.
Hay muy buenas ofertas en Sears de Cielo Vista y por eso Oscar tiene nuevo guardarropa.
No, no fui a ver a Sarah Brightman, no pude salir temprano de mi trabajo, así que me quedé renegando porque, seguro, miles de personas que asistieron no tenían idea quién es hasta antes del concierto, y una que la ha seguido por casi 20 años, tuvo que conformarse con los videos que un amigo iba subiendo.
__________________________________________________________________
Se nos ha hecho costumbre ir los viernes al Anteros; el lugar está muy padre y tranquilo para platicar; siempre nos divertimos mucho. Dicen que también los sábados se pone padre, pero un compañero de trabajo fue y no le gustó, esperaba un grupo de rock y algo más relajiento.
___________________________________________________________________
Todavía no tengo laptop y odio postear de la de Oscar; odio los teclados en inglés y qué flojera con el código para los acentos.
Tengan buen domingo y buena semana.
More than anything, more than life, more than the moon…
Parafraseando las primeras frases del prólogo del musical Into the woods, quisiera… más que todo en la vida, y más que la luna, que la situación del país cambiara.
Hace varios días vengo redactando notas para Juárez Hoy sobre el hambre que mucha gente pasa por encontrarse en una situación de desempleo que se ha prolongado mucho tiempo, y que no se remedia porque todos los recursos se están inviertiendo en ‘la guerra contra el narco’; lo peor es que solamente Calderón cree que el gobierno va ganando; supongo que se debe a que las muertes por ejecuciones en todo el país las está contando como si fueran ‘bajas del enemigo’, y como propias, sólo toma en cuenta a los policías caídos. Muchas de esas defunciones no han sido en cumplimiento del deber, sino por ajustes de cuentas, así que… juzguen ustedes.
En una de las notas que hice un par de días atrás, una representante de colonos de varias zonas, muy, muy, muy marginadas de la ciudad, pedía a propietarios de restaurantes donarles la comida de desperdicio, en lugar de tirarla a la basura o darla a los marranos. Sé que en este país siempre ha habido gente acostumbrada a estirar la mano para que le den algo, pero el reclamo era muy sentido y aunque no conozco bien las zonas, por otra gente sé que viven muy amolados y muchos andan pepenando de la basura hasta la ropa que ponerse y sobras de alimento.
Yo pasé como año y medio sin trabajar, pero gracias a dios y a mi Caníbal, no pasé hambre ni me faltó nada; sin embargo, puedo entender la desesperación que significa no ser económicamente productiva, y debe empeorar cuando se tienen más bocas que alimentar.
Ayer hice otra nota donde la directora del DIF Municipal explica que un estudio hecho por la UACJ en uno de los comedores para adultos mayores y menores de edad en situación vulnerable que esta dependencia atiende, algunos ancianitos manifestaron que la comida ahí recibida era el único alimento del día que ellos hacen y eso me pudo mucho, pues el maltrato a la tercera edad es algo que no puedo soportar.
Si el destino, dios o la vida nos ha dado más que a otros, hay que saber compartir. Yo, por lo pronto, no voy a esperar hasta Navidad para hacerlo.
Como si lo del robo no fuera suficiente, el sábado por la noche tuvimos un evento de Status, que duró de 10:30 a 12:30 de la noche.
Por cuestiones del servicio contratado, mi Caníbal no iba a trabajar con el grupo, pero quedó que estaría a las 12:30 en punto para recogerme (yeah, baby!).
Terminó el evento y eran las 12:36 cuando le mandé la primera alerta al nextel que trae prestado en lo que consigue su remplazo, pero no me contestó. Acto seguido, llega el representante del grupo a avisarme que tendría que salir por la recepción del hotel donde está el salón en que cantamos, pues cerraron la entrada, ya que llegó un comando armado a pedir cuota, y para no arriesgar a los asistentes, nos mandarían por otro lado.
La sangre se me fue a los pies y el alma se me fue del cuerpo al seguir intentando que Oscar me contestara sin tener respuesta. Tras casi 10 minutos de no lograr contactarlo, le llamé a Fofo, el amigo con que mi esposo andaba mientras yo salía de cantar, y él me dijo que tenía poco más de 15 minutos de haber salido, diciendo que iba por mí. Mil cosas pasaron por mi mente y me asusté más.
Seguí intentando sin éxito, por lo que pedí a Fofo que tratara de localizarlo él; como ninguno de los dos lo conseguía, me comuniqué con mi cuñadito, pero me contestó mi suegro, quien también trató inútilmente de comunicarse. Luego me llamó Fofo para decirme que iba saliendo del antro donde estaban para ver si se lo encontraba en el camino.
Estaba a punto de salir a ver si lo encontraba en el estacionamiento y por alguna razón no oía el radio, cuando mi otro cuñado localizó por Messenger a Óscar, que estaba conectado al internet del hotel y de inmediato se comunicó conmigo para tranquilizarme.
Cuando ya salí y subí a la troca, lo abracé y me solté llorando. Fueron como 20 minutos de angustia indescriptible, que desearía que no pasara nadie.
Tenía las alertas que tanto Fofo, como mi suegro y yo mandamos, pero el maldito nextel no sonó…
Usualmente, estoy toda la mañana en mi casa. Entre jugar con la Naila, preparar algo de comida o de ‘lonche’, lavar alguna carga de ropa en la lavadora, dar una ‘sanguarañada’ al piso o al baño o recuperar el sueño perdido, se llega la hora de meterme a bañar para alistarme e ir al trabajo.
Pero el viernes por la mañana, debíamos salir Óscar y yo a hacer un trámite a un lugar donde no está permitido llevar ningún aparato de telecomunicación, así que él optó por dejar nextel, iusacel y telcel en casa. Yo había decidido que saliendo de ahí me quedaría en casa de mi mamá, por lo mismo yo sí me llevé tanto mi celular como mi radio y los dejé escondidos en la troca.
En el dichoso trámite no duramos ni 10 minutos, así que nos fuimos a casa de mi mamá, donde me bajé rápido para que Óscar pudiera regresar pronto a recoger su laptop e irse a trabajar.
Pero oh, desagradable sorpresa que se llevó al llegar a casa y encontrar que un (tal vez dos) ladrón(es) se había(n) metido a robar, llevándose las laptops de los dos, los teléfonos de mi esposo y hasta mi secadora del cabello, dejando todo lo del ropero, tocador, mi área de la máquina de coser y un librero todo batido, buscando algo de valor qué hurtar.
El muy jijo de la tiznada se la peló (perdón por le expresión) cuando buscaba joyas, ya que a mí no me gustan y, por lo tanto, no tengo. Bueno, tengo un par de aretes y una cadena de plata, unos aretes de oro y un reloj de mediano valor que no se quiso llevar, este último porque no tenía pilas; además de dejar un reloj nuevo de Transformers, porque seguramente se dio cuenta que era una baratija comprada por el simple gusto de ser fan
El caso es que ya tendremos que desembolsar dinero para invertir en la seguridad de la casa y evitar que regrese cuando repongamos todo lo que el muy culebro se llevó.
Y más le vale que no se aparezca de nuevo y menos si estoy ahí, porque me cae que yo sí le vengo poniendo una mega p*tiza, que no va a poder trepar bardas en dos semanas o más; y si me agarra de malas, ya tumbado en el suelo, le hago una depilación anal, y con las pinzas de la ceja, para que se eduque.
Como siempre, los policías poniendo el ejemplo.
La unidad 921 de la Policía Municipal de Juárez no sólo bloqueó la rampa de acceso a Río Grande Mall para discapacitados, sino también parte del cajón de estacionamiento.

Me duele mucho todo lo que pasa en el país y el estado, pero más me duele lo que pasa en mi ciudad que, si bien es cierto, no es en la que nací, sí es en la que crecí y la que, cuando regresé con el corazón roto y las manos vacías, me recibió amablemente, me concedió, en cada cambio, un empleo mejor que el anterior y me presentó al amor de mi vida, además de darme amigos entrañables.
Mucha gente que vive en mi tierra natal me pregunta cómo me puede gustar vivir aquí, si la fisonomía de la ciudad es desagradable, el clima no es nada benévolo, hay mucha violencia y lo único bueno son los centros comerciales de El Paso.
Siempre les decía que, independientemente de los malls y los antros, en Juárez hay mucho qué hacer, porque sí hay trabajo (bueno, había), porque puedes entrar a cualquier lugar sin ser discriminado aunque vayas en fachas o seas moreno, de baja estatura y cabello oscuro.
Qué más quisiera que volvieran los días en que podíamos salir a cualquier hora sin tener que llevar cerradas las ventanas del carro, sin estar viendo de reojo a todos lados, no sea que se acerque algún maleante, o sin tener que estar pendiente para alejarte de cualquier vehículo sospechoso, no sea que te toque estar en medio del fuego cruzado.
Hace poco más de un año la familia tuvo un acontecimiento desagradable, pues la delincuencia organizada afectó a uno de nuestros integrantes. Entonces, mi enojo, rencor y depresión eran tantos que pensaba que ojalá los narcos y sicarios terminara de matarse unos a otros y se extinguieran. Luego recapacité y recordé que mi abuelita me enseñó a no desear nunca la muerte de otra persona.
Y la semana pasada ocurrió, de nuevo, una matanza al interior de un centro de rehabilitación, donde se culpaba las VÍCTIMAS de haber tenido nexos con el narco o con sicarios, como si eso fuera un pretexto para no investigar los motivos y los autores del crimen. Es más, como si eso no fuera un crimen.
Ya había dicho antes que me encanta mi trabajo, amo lo que hago, pero cómo me causa penar leer la indolencia de las autoridades y de gran parte de la población. Hoy domingo, otra vez, lloré al leer estas notas en El Diario:
En días como hoy, siento que algo muy pesado me oprime el pecho.
Respiro y el nudo en la garganta me complica halar aire; luego el peso en el pecho no me deja llenar los pulmones.
Estuve muy contenta buena parte de la tarde, pues hablé con mi amiga la morada que se casa en noviembre, y me dio mucho gusto platicar con ella; quedamos que no vamos a despegarnos tanto, a pesar de estar lejos, que seguiremos teniendo contacto, aunque tal vez no pueda ir a su boda, y luego recordé a un amigo en común que tenemos y de quien no sé qué pasó desde que se casó y unos meses después fuimos Óscar y yo a entregarle la invitación de nuestra boda. Pese a ese pequeño lapso triste, que pasó rápido, la tarde estuvo muy bien: muchas risas en el trabajo, entre Tom, Al y Mar.
Por ahí de las 7:30 mi adrenalina comenzó a bajar y una sutileza, que ya ni recuerdo a detalle me dio para abajo; pero como a eso de las 11:30 de la noche, me tocó checar la entrevista a la madre y hermana de dos fallecidos en la masacre del centro de rehabilitación ‘El Aliviane’ y aunque todo el día estuve lamentándome por esa gente y por la impunidad del crimen, lo había sobrellevado bastante bien porque Al se aferraba a decirme que toda esa gente eran pequeños vendedores o posibles sicarios; aún así, le repetía, no se lo merecen. Pero ver el dolor, la angustia, todo el sufrimiento e impotencia de los deudos de la matanza, hizo que no pudiera contener el llanto ante tanta injusticia.
Como dije anoche, no importa lo que se rumore de estos centros, son personas que no merecen una muerte así.
Así es, parafraseando a Zerk, más que nunca, esta frontera merece el mote de Ciudad del Crimen que desde hace como 5 ó 6 años le puso el querido bloggero.
Son las 11:35 de la noche del 2 de septiembre y ya llevamos 30 ejecuciones.
Todavía no se puede oficializar, porque estamos en espera de los protocolos de comunicación de la Subprocuraduría de Justicia en la Zona Norte, pero hasta donde sé, Seguridad Pública Municipal ya confirmó 17 defunciones en el ataque al centro de rehabilitación ‘El Aliviane’, con lo que faltarían los nombres y edades de las víctimas, que prácticamente fueron fusiladas en el pasillo del albergue para adictos en desintoxicación.
Ya saben todo lo que se dice de los centros de rehabilitación, pero aún así, no deja de impactar e indignar la impunidad con que estos hechos siguen suscitándose.