Me duele mucho todo lo que pasa en el país y el estado, pero más me duele lo que pasa en mi ciudad que, si bien es cierto, no es en la que nací, sí es en la que crecí y la que, cuando regresé con el corazón roto y las manos vacías, me recibió amablemente, me concedió, en cada cambio, un empleo mejor que el anterior y me presentó al amor de mi vida, además de darme amigos entrañables.
Mucha gente que vive en mi tierra natal me pregunta cómo me puede gustar vivir aquí, si la fisonomía de la ciudad es desagradable, el clima no es nada benévolo, hay mucha violencia y lo único bueno son los centros comerciales de El Paso.
Siempre les decía que, independientemente de los malls y los antros, en Juárez hay mucho qué hacer, porque sí hay trabajo (bueno, había), porque puedes entrar a cualquier lugar sin ser discriminado aunque vayas en fachas o seas moreno, de baja estatura y cabello oscuro.
Qué más quisiera que volvieran los días en que podíamos salir a cualquier hora sin tener que llevar cerradas las ventanas del carro, sin estar viendo de reojo a todos lados, no sea que se acerque algún maleante, o sin tener que estar pendiente para alejarte de cualquier vehículo sospechoso, no sea que te toque estar en medio del fuego cruzado.
Hace poco más de un año la familia tuvo un acontecimiento desagradable, pues la delincuencia organizada afectó a uno de nuestros integrantes. Entonces, mi enojo, rencor y depresión eran tantos que pensaba que ojalá los narcos y sicarios terminara de matarse unos a otros y se extinguieran. Luego recapacité y recordé que mi abuelita me enseñó a no desear nunca la muerte de otra persona.
Y la semana pasada ocurrió, de nuevo, una matanza al interior de un centro de rehabilitación, donde se culpaba las VÍCTIMAS de haber tenido nexos con el narco o con sicarios, como si eso fuera un pretexto para no investigar los motivos y los autores del crimen. Es más, como si eso no fuera un crimen.
Ya había dicho antes que me encanta mi trabajo, amo lo que hago, pero cómo me causa penar leer la indolencia de las autoridades y de gran parte de la población. Hoy domingo, otra vez, lloré al leer estas notas en El Diario:
En días como hoy, siento que algo muy pesado me oprime el pecho.
Respiro y el nudo en la garganta me complica halar aire; luego el peso en el pecho no me deja llenar los pulmones.
Estuve muy contenta buena parte de la tarde, pues hablé con mi amiga la morada que se casa en noviembre, y me dio mucho gusto platicar con ella; quedamos que no vamos a despegarnos tanto, a pesar de estar lejos, que seguiremos teniendo contacto, aunque tal vez no pueda ir a su boda, y luego recordé a un amigo en común que tenemos y de quien no sé qué pasó desde que se casó y unos meses después fuimos Óscar y yo a entregarle la invitación de nuestra boda. Pese a ese pequeño lapso triste, que pasó rápido, la tarde estuvo muy bien: muchas risas en el trabajo, entre Tom, Al y Mar.
Por ahí de las 7:30 mi adrenalina comenzó a bajar y una sutileza, que ya ni recuerdo a detalle me dio para abajo; pero como a eso de las 11:30 de la noche, me tocó checar la entrevista a la madre y hermana de dos fallecidos en la masacre del centro de rehabilitación ‘El Aliviane’ y aunque todo el día estuve lamentándome por esa gente y por la impunidad del crimen, lo había sobrellevado bastante bien porque Al se aferraba a decirme que toda esa gente eran pequeños vendedores o posibles sicarios; aún así, le repetía, no se lo merecen. Pero ver el dolor, la angustia, todo el sufrimiento e impotencia de los deudos de la matanza, hizo que no pudiera contener el llanto ante tanta injusticia.
Como dije anoche, no importa lo que se rumore de estos centros, son personas que no merecen una muerte así.
Así es, parafraseando a Zerk, más que nunca, esta frontera merece el mote de Ciudad del Crimen que desde hace como 5 ó 6 años le puso el querido bloggero.
Son las 11:35 de la noche del 2 de septiembre y ya llevamos 30 ejecuciones.
Todavía no se puede oficializar, porque estamos en espera de los protocolos de comunicación de la Subprocuraduría de Justicia en la Zona Norte, pero hasta donde sé, Seguridad Pública Municipal ya confirmó 17 defunciones en el ataque al centro de rehabilitación ‘El Aliviane’, con lo que faltarían los nombres y edades de las víctimas, que prácticamente fueron fusiladas en el pasillo del albergue para adictos en desintoxicación.
Ya saben todo lo que se dice de los centros de rehabilitación, pero aún así, no deja de impactar e indignar la impunidad con que estos hechos siguen suscitándose.
Es hijo de mi prima Irasema, con quien compartí depa durante tres años cuando recién llegamos a Juárez.
Le compraron a Manolo unos plumoncillos para niños (obvio, que no fueran tóxicos) y en un descuido de un par de minutos porque le habló Freddy, el niño, muuuuy creativo, plasmó su arte en su propia cara.
Por cierto, ahorita andan aquí, en Juárez; ellos viven en California, pero vienen de Perú, de visitar a sus abuelos paternos.
Y no, no es integrante del grupo Kiss.


Hay una nueva sensación en youtube. Se llama Danyl Johnson y, aparte de cantar muy bien, tener una gran voz, un angelote con la gente y buen desenvolvimiento escénico, tiene una cara linda que seguramente lo convertirá en la próxima estrella de la música en inglés; claro, si no surge algún talento similar en el concurso Factor X.
Si bien, no es para nada mi portal informativo favorito, www.lapolaca.com es útil porque en muchas ocasiones, son los primeros en subir información que surge en las últimas horas de la tarde y las primeras de la noche.
Sin embargo, no puedo dejar de mencionar esta nota:
Tiene razón Bolita De la Vega; una de las cosas que me gusta del(os) medio(s) en que trabajo, es que tienen como objetivo no mostrar imágenes impactantes ni morbosas, además, intentan dejar el amarillismo y sensacionalismo que la nota roja trae muchas veces.
Si quiere leer un periodismo menos escandaloso, lean Juárez Hoy.
Óscar me pasó este artículo publicado por la revista Nexos. Es la entrevista a un sicario retirado. Además de decir cosas que ya sabíamos por rumores entre gente de prensa y leyendas urbanas, confirma otras que estaban en duda, termina de atar cabos sueltos y aclara el motivo de muchas cosas que no entendíamos por completo; sin embargo, el relato tiene dejos de novela, casi rayando en melodrama.
(Da click en el texto para leer todo el artículo)
El único reality show que acostumbraba seguir era Dancing with the Stars, de la cadena ABC, y dejé de hacerlo por mi horario de trabajo, pero en ocasiones no puede uno mantenerse ajeno al furor que algunos concursos o sus participantes causan en la gente.
Hace días, mi querido amigo Luis Ernesto mandó un correo con el link a un video subido a youtube de una mexicana concursando en America’s Got Talent, llamada Bárbara Padilla.
Salvo un par de detallitos menores, me gustó bastante su interpretación y su voz; es impresionante que alguien que no está activa en el canto no esté tan ‘empolvada’.
Pero lo que resulta encomiable es que cante de ese modo y luzca, además, guapísima, después de tener una niña y haber padecido cáncer.
Una mujer tapatía, con los ojos típicos de su tierra y un talentazo, sumados a la gran fuerza de voluntad que la hizo salir adelante:
Página oficial Barbara Padilla punto com.
¡Claro que me gusta el futbol! ¡Por supuesto que le voy a los Indios!, pero…
Antes que ser indita de Juárez soy mariposa monarca, porque mucho antes que los Indios ascendieran a primera división, le iba al equipo de Morelia, sobre todo la primera vez que ‘el jefe’, Tomás Boy Espinoza, fue director técnico y más ahora que regresó con nuevos bríos, llevando al equipo bien encaminado, jugando bonito, al ataque y muy ordenados.
Este domingo, quiero ver el juego, y a la vez no.
Va a ser muy sufrido, pierda quien pierda