Posted on 08-02-2008
Filed Under (Cine, Personal) by Cristina

Anoche recordé una ocasion en que fui al cine con mi hermano y mi mejor amigo. La única vez que hemos ido solamente nosotros tres.

Era domingo por la tarde, finales de octubre, estaba comenzando a sentirse el rigor de los vientos de otoño y yo -muy fashion- decidí estrenar una especie de chamarra con corte de abrigo tipo sport muy nice que acababa de comprar.

Llegué a casa de mi abuelita y afuera se encontraban en el carro de mi amiguito Jarro, mi hermano y él. No me dejaron entrar a la casa, me hicieron subirme con ellos al carro (uy sí, me obligaron amenazándome con… con…. ¡ya sé! ¡Con una caguama! jajajaja). Soy risueña y luego estos haciéndome cosquillas… Y bueno, ellos iban llegando de la cervecería y estaban esperando que se le bajara un poco a mi carnal para entrar a la casa, así que estuvimos un rato platicando y oyéndolos decir tonterías cuando propusieron ir al cine. En ese momento, era tanto lo que había reído que debí entrar a la casa para descargar mi vejiga y de pasada, saludar a las tías y a mi abuelita, además de avisarles que me iba a ir con ellos al cine. Así lo hice y nos marchamos de ahí.

Llegamos no recuerdo a dónde por café para que se les bajara un poco la jarra y para que a mí se me quitara el frío (otoño, viento y desierto son una combinación bastante cruel para nosotras las flacas). Llegamos a Cinemark (en ese entonces era el mejorcito en Chihuas, además que para mí era imposible entrar al cine sin un par de rebanadas de pizza), y aunque no me acuerdo bien los argumentos que me dieron para convencerme, accedí a entrar a ver La Bruja de Blair. Cuando estábamos en la fila llegó la novia del Jarro, quien iba con sus amigas a ver otra movie, pero al saludarnos, nos dimos un abrazo muy efusivo y mi abrigo-chamarra quedó bañado en café. Por fortuna, era de un material como entre vinyl y no sé qué otro y fue fácil limpiarlo. Todo iba bien hasta que…

Entramos a la sala y estar en ese lugar que guarda y concentra todos los olores que ahí se encierran… ¡¡¡Jijos de su mauser!!! Nada más de acordarme me vuelve a dar asco. Cómo andarían aquellos dos de borrachos que sólo de estar sentada entre ellos y olerlos ya me sentía peda yo también…

Y bueno, la faken película ni la pelamos gran cosas, entre las risas de estarnos peleando por las rebanadas de pizza y los reniegos de la monita de atrás que se quejaba de las apestosidades de mis acompañantes. Sin embargo, puedo asegurarles que, como la mayoría de ustedes, al final de la movie, exclamé “¿¡Qué pedo -Rito-!? ¡Devuélvanme mi dinero!”.  Y mi hermano: “Devuélvanme mi peda”…

Comments

tu hermano on 10 February, 2008 at 12:09 pm #

sale carnala q memoria… hace poco fui al cine y experimente esa misma sensacion de cuando ves una pelicula mala, no vean Cloverfield, te quedas asi como en la de Wich Blade project… ah pero q tiempos aquellos…


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