Por todos lados se lee la noticia de la discriminación que los mexicanos están sufriendo a causa del brote endémico de influenza dentro de nuestro país.
Es cierto que no creo que esta epidemia sea tan grave como la pinta el gobierno. La gente no está muriendo por este virus en particular; la gente muere porque el sistema de salud no funciona y porque el gobierno sigue fallando en lo que le corresponde (no éste, bueno sí, este gobierno también, pero así ha sido desde que este país es país, pero ellos ofrecieron que todo iba a ser distinto, y ya estamos viendo que no es así. Y como este paréntesis ya fue muy amplio, lo cierro), en este caso, garantizar el derecho a la salud. Sabemos que el Seguro Popular es una buena idea y con una buena intención, pero no funciona.
Ejemplo simple: Estuve desempleada por un buen rato y mi marido trabajando por su cuenta como micro empresario. Ambos sin ningún servicio médico. No podía afiliarme al Seguro Popular, porque obvio, cuando vinieran al estudio socioeconómico y vieran que vivimos en casa propia, que tenemos cada quién su carro, que la casa tiene calefacción y aire acondicionado, que tenemos enseres domésticos e incluso, una perrita muy bien cuidada, me iban a mandar a la goma diciéndome que no tenía necesidad de esa… llamémosle prestación. Por supuesto, no les iba a convencer si les decía que todo lo adquirimos antes de quedarme sin trabajo.
El caso es que me resfrié en enero y no me quedó otra que tomar té, remedios caseros y bajar la inflamación en la garganta con lo que nunca falta en casa: tylenol.
Imaginen a una persona que sí tiene seguro popular o IMSS, pero que tiene problemas para que la reciban porque la enfermera o médico cree que su fiebre no es suficientemente alta.
En fin, la cosa es muy complicada y seguro todos leímos ya el comparativo de los casos de Manuel y Oscar, el primero sobrevivió, el segundo no.
Pero en lo que estaba es en que el gobierno se encargó de pintarnos un panorama desolador, trágico y casi apocalíptico de una situación que, ni los gringos tan asustadizos, han tomado con tanto drama.
Y luego se desgarran las vestiduras exigiendo que se les dé a los turistas o residentes mexicanos en el extranjero un trato digno y no se les segregue porque tenemos en el país una epidemia. Concuerdo sólo en que todas las personas del mundo merecen un trato humanitario y sin discriminación. El escándalo por la enfermedad lo hicieron las mismas autoridades sanitarias. La ropa sucia se lava en casa, ¡señores!, y ustedes se pusieron a lavar en el río y secarla al sol colgándola en las ventanas del frente, ahora no se quejen de que los vecinos se burlan porque sus calzones tienen olanes o porque los corpiños están agujerados o porque las pijamas son de franela.
Es como si Janet Jackson, tras lo que pasó en el Súper Tazón se indignara y les dijera “¡No me vean! ¿Por qué me ven así?”, o como si reclamara que la tachen de impúdica.
Si nos rasgamos todos las vestiduras, vamos a andar igual que la Janet, con una boobie de fuera.
Discriminacion, mexicanos, influenza, marranos, bizlink, el paso, juarez…
jaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajaja
Jajaja! Muy bueno el comparativo final.
Pero no nomás los probes se mueren. El niño que murió en Estados Unidos era nieto de los dueños de los hospitales Los Ángeles del D.F. Pero ni hablar.
Mi pijama es de franela…